11/12/2018

Cultura

Un gigante modesto, que escribe bonito

El Profe Quintanilla frente al micrófono

08/07/2016

Un gigante modesto, que escribe bonito

Bastó que su nombre fuera arrojado a la palestra como candidato ideal de nuestra región para recibir el título de “Tesoro Humano Vivo” por el Consejo Nacional de la Cultura y Las Artes para que surgiera espontáneamente la intención (más bien el deber  patriótico) de entrevistar a Don Hernán Quintanilla Méndez, el querido profesor renguino de vasta y brillante trayectoria como poeta, dramaturgo y, en suma,  noble espadachín de la lengua española cuya obra total ni siquiera él ha logrado cuantificar en detalle o mérito, no por fallarle la memoria sino por esa candorosa e increíble sencillez a la hora de referirse a sí mismo. Intentamos sacarle algunas impresiones sobre esta eventual candidatura que podría convertirlo en algo así como una estatua viviente en honor a las letras. Un tributo, en carne y hueso, a la poesía y el teatro chileno de todos los tiempos:

¿Qué siente al saber que está siendo postulado a este reconocimiento público como “Tesoro Humano Vivo” por el Consejo Nacional de la Cultura y Las Artes?, ¿cómo le suena esa caracterización? Suena grandilocuente, ¿no?

Exactamente. ¡Bueno!, suena tan grandilocuente que, de hecho, cuando se lo contaba a mi nieto, que tiene 9 años, me dijo: “Tata, ¿te van a enterrar?”…¡como si fuera el cofre de un tesoro! Sí, demasiado grandilocuente, pero ¡bueno!, así son las cosas de hoy y yo, más que nada, agradezco a quienes me han postulado por creer que yo pueda tener algún atributo que cumpla con el perfil que se requiere. No me molesta mayormente. Tampoco soy un hombre de mucha publicidad y primer plano, no, para nada.  Así que, si quieren hacerlo me parece bien. “Por sus obras los conoceréis”. Eso.

Ud. es un autor “todo terreno”: ha incursionado de modo prolífico tanto en el género poético de índole popular como en el epistolar; también ha escrito letras de canciones, aunque su pasión predilecta es la dramaturgia costumbrista con mucha reflexión indentitaria. ¿con cuál de estos géneros se siente más cómodo y/o con cuál de ellos desearía ser recordado, aún en vida?

Cuando uno hace algo que le gusta, eso lo satisface y lo hace feliz. En el momento en que escribo una poesía, una décima, yo me entretengo mucho y la paso muy bien. Cuando hago una obra de teatro, mejor aún; o cuando monto esa obra de teatro. Cuando barro la vereda de mi casa me siento súper bien. Cuando uno hace las cosas con agrado, cuando las cosas tienen un sentido, gustan; por lo tanto cualquier manifestación que yo haga-lo que no significa que yo piense que son buenas o muy buenas- las hago porque siento el deseo de hacerlas y la necesidad.

¿El veredicto popular viene por añadidura, no cambia en nada la satisfacción inicial?

Claro, pero es muy importante sí, porque el artista trabaja para su comunidad. Yo he tenido amigos que dicen “Mira yo escribo poesía pero ¡no se la muestro a nadie!” , y eso no puede ser.  El artista parte de una necesidad comunicativa; así que yo, para comunicarme, tengo que tener un interlocutor o un receptor del mensaje que quiero emitir. Esa retroalimentación es fundamental.

¿Cuándo surgió esta pulsión por la literatura?, ¿guarda Ud. algún recuerdo lejano del momento originario, del puntapié inicial?

Cuando era niño en la escuela primaria; en quinto o sexto preparatoria, tal vez, por ahí. Esa timidez que uno tiene, ¿no?, porque cuando yo era niño-tal y como dice en mi obra “Sobre Vinos y Amor Ardiente”- yo era “chico y feo” . Tenía ese complejo que aún no se desarrollaba tanto; entonces, de repente, yo me empecé a dar cuenta de que me gustaban las chiquillas pero me costaba mucho acercarme a ellas, sentía temor y todo eso. En aquella época no existían colegios mixtos, así que la necesidad de acercarme a las chiquillas me hizo incursionar en la poesía. Yo llegaba y me presentaba ante ellas y les entregaba lo que escribía. Luego recibí premios a la composición en el colegio y ahí recién me di cuenta de que por ahí iba la cosa.

La dramaturgia es un género que exige elaborar o construir un universo humano cerrado con personajes que sostienen discursos, muchas veces, contradictorios entre sí, he ahí el mérito de un dramaturgo eficiente: crear esa ilusión de el público sea testigo de un conflicto artificial, deliberado, que luzca espontáneo y verosímil, ¿cuán difícil es lograr eso?

Mira, cuando yo asistí al Encuentro  Mundial de Teatro que se hizo en Chile, harán ya unos 20 años de eso, más o menos, tomé un taller con el hijo del autor peruano Ciro Alegría, autor de la novela “El Mundo es Ancho y Ajeno” que me marcó mucho, y ahí él planteó una idea que me gustó mucho.  Según él hay dos formas de escribir teatro: una en la que el autor ya tiene la estructura de la obra pensada desde antes. Tiene la historia, los personajes, las escenas, diseñándolo todo como si fuera un plano. Pero en  la otra forma el autor tiene la historia, la visualiza y a partir de ahí empieza a escribir y a escribir y a escribir. ¿Cuál es la diferencia? El que tiene la visión estructurada  es más “ordenado” y mucho más metódico; en cambio aquél que va creando a medida que escribe siente y disfruta mucho más lo que está haciendo, porque el teatro es el arte de sorprender al espectador, ¿no? Uno en el teatro sorprende a la gente con lo que va pasando, y esa sorpresa es la que “agarra” al espectador, “¿qué irá a pasar ahora?” y todo eso. El teatro es el arte del futuro, de lo que viene. A uno le pasa lo mismo al escribir: de repente hay un personaje que te lleva hacia otra parte. Tú tenías pensado que ese personaje en esa escena se iba encontrar con un fulano, surgiría un problema y de ahí haría un viaje; pero tú notas que los acontecimientos que lo rodean lo conducirán a otro lado y dicho viaje ya no será posible. O el personaje parece “exigirte” que tú, como autor, escribas otra cosa distinta. Y cuando lo haces tú mismo te sorprendes y dices “Pucha que está buena esta escena, me gustó”. Uno siente placer estético al trabajar así y eso es lo que a mí me gusta. Yo parto con una historia y la desarrollo libremente.

La literatura es una disciplina artística que enfatiza el poder de  la palabra como herramienta o "motor"social. La palabra, escrita o hablada, infunde pasión e invita a la reflexión (a quien la lee o escucha) respecto a determinado conflicto humano no resuelto. En ese sentido, la palabra inflama el pensamiento. ¿Siente Ud. ese poder transfigurador de la palabra al momento de escribir?

Sí, sí. Digamos, el valor o el sentido de la palabra-y no lo dice uno solamente, lo han dicho tantos otros escritores- es algo que preocupa mucho al autor. Yo creo que la palabra es un arma peligrosa que hay que usar con mucho cuidado pues ¡las armas las carga el diablo! Si uno no tiene cuidado puede destruir o causar incluso cataclismos con la palabra.

¿Maneja el autor esa noción de responsabilidad al momento de escribir?

Claro que sí. Bueno, eso-yo creo-uno lo va integrando a su vida de a poco; porque a pesar de que uno no vive en el “limbo del artista” (yo no creo en eso), cuando tú vas por la calle y de repente ves cosas y dices “Mira qué agradable es esto; podría servir para una historia de teatro” ¿cierto? Yo en la calle he aprendido tantas cosas. Por ejemplo, para el montaje de una obra teatral y la distribución de los personajes dentro del plano escénico tiene que haber una estética y una funcionalidad de cada personaje; tal y como ocurre cuando un grupo de personas está esperando cruzar la calle en función de la luz del semáforo de la esquina. Eso también ocurre en una obra: cada cual está en su sitio, en el escenario, esperando una señal  para que el público vea lo que están representando. Entonces, la calle te enseña mucho de eso. Ni hablar del lenguaje.  Cada cual tiene que contar una historia arriba del escenario. Por ejemplo,  la locomoción colectiva está llena de ejemplos, de estímulos para la capacidad creativa. Uno va capitalizando, reuniendo todo ese material y de a poco van surgiendo las historias; todo eso que uno ha visto en alguna parte aparece de repente y queda escrito. Por ejemplo,  la obra “De Vinos y Amor Ardiente” es una historia de mis tiempos juveniles, cuando yo era bohemio y visitaba las casas de remolienda; todo eso ocurrió. Está ficcionado y adecuado al espectáculo, pero todo eso ocurrió en verdad.

En cierta medida ya lo dijo pero, ¿cuál es su método de trabajo? ¿Ha desarrollado alguno a través de los años? ¿es más rígido o flexible?

No, es flexible, muy flexible. Mira, lo que pasa es que yo soy un hombre de 77 años de edad, o sea ya estamos  más cerca de la “otra” que de ésta. Uno a estas alturas de la vida ya tiene ciertos patrones; efectivamente yo estoy disfrutando mucho más de este tiempo, no porque me “aferre” sino porque me doy cuenta de que la gente tiene razón cuando dice que el viejo es diferente, que uno ha aprendido cosas, que uno debe ser un referente para los demás, que uno se cuida y disfruta más de la vida. Entonces, yo escribo sólo cuando tengo deseos de escribir. Desgraciadamente-o afortunadamente, quizás- yo escribo por necesidad pero no económica, sino cuando me lo piden: “Oye Hernán, necesito una obra para llevar a Pichilemu donde hay un grupo de teatro de estudiantes”, entonces ahí escribo. De repente siento que tengo que escribir algo, ando inquieto. Esto ya lo he dicho antes y  lo diré ahora claramente: cuando uno escribe se pone huevón, anda con la cuestión en la cabeza, anda obsesionado. Y una vez que ya empezaste a escribir es peor, pero también es rico sentir esa sensación de que estás haciendo eso, eso y eso.  En ese sentido mi método no es académico, en ningún caso.

¿Cómo ve Ud. el surgimiento eventual de nuevos poetas o dramaturgos a nivel regional, provincial o comunal? ¿Existe alguna cantera juvenil de talentos? ¿Tiene alguna percepción del fenómeno, aunque sea somera?

Mira, aunque no hay “canteras” así que yo pueda decir: el colegio tal o cual, o el grupo tal o cual, yo creo  que hay mucho elemento que anda disociado por ahí y  que es muy bueno. Te lo digo porque yo trabajo con jóvenes en talleres de teatro y los cabros tienen una gran capacidad que está perdiéndose, o que se va a perder o va a quedar estancada. Es más, yo trabajo este año con un grupo de teatro de niños de tercero y cuarto básico. A mí nunca me gustó trabajar con niños tan chicos porque me daba miedo: son tan frágiles y vulnerables, hay que cuidarlos tanto que ¡no!, no me gustaba trabajar con ellos. Sin embargo ahora trabajo con niños de tercero y cuarto y ¡son cabros super inteligentes! Uno a veces piensa “no, la juventud de ahora, que esto y lo otro”, bueno:  eso es cierto también. A los cabros de ahora como que las cosas no les importan mucho, pero eso es por alguna razón. Muchos cabros tienen un dominio del lenguaje del cual uno no se da cuenta. Potencialmente hay una fuerza que deberíamos cuidar más.

¿Cuándo acaba el trabajo de un poeta o dramaturgo? ¿En qué momento el autor proclama “listo, ya terminé esta obra, ya no la corrijo más. Tal como quedó me satisface plenamente”?

Nunca, eso nunca ocurre. Nunca una obra está completamente escrita, especialmente si tú las vas a representar y pretendes hacerle cambios. Yo creo que en una obra de teatro-no sé si una novela o un poema tal vez –siempre habrá algo que hacer, en general.  Siempre habrá algo que corregir, así que nunca estará terminada. No es que uno le pierda el respeto, pero la obra es algo “vivo”. Mira, por ejemplo nosotros ahora estamos montando una obra que yo estrené en 1990 en el Teatro Nacional llamada “Mari Mari Cacique Puma”, que  la dirigió Daniel Muñoz con gran éxito. Tengo todos los recortes de diarios, las fotos y las entrevistas de aquella época. Y la estamos montando de nuevo sin ningún cambio sustancial. Le hemos puesto un par de cosas solamente pero la obra está plenamente vigente; uno no lo intenciona así. Lo mismo ocurre con obras como “De Vinos y Amor Ardiente” que está escrita en décimas, que como expresión potencial literaria es riquísima; y no ha perdido vigencia, eso es algo de lo que siempre me he preocupado. Y  te lo digo muy modestamente.  Obras como  “La Épica del Nano y la Katy” son obras escritas hace 30 años atrás y están totalmente vigentes.

¿Es inevitable que un autor incluya, así de contrabando, vivencias  estrictamente personales en sus obras, adornándolas un poco? 

Mucho, mucho, mucho.  Es que para mí eso es una cábala: todas mis obras llevan alguna cosa personal; por ejemplo: hay una de ciencia ficción que se llama “La Tentación del Argonte Segundo” que es una obra muy juvenil en donde la nave se llama “HQ-1938” porque yo nací en 1938 y HQ son las iniciales de mi nombre, ¿entiendes?  También algunos nombres de personajes: en “La Épica del Nano y la Katy, la “Katy” es mi mujer y yo soy el “Nano”…aunque la historia no tiene nada que ver conmigo; salvo en la pieza “De Vinos y Amor Ardiente” donde ahí se dice claramente que es parte de mi historia personal, ¿entiendes?  Siempre pongo cosas así. A mí me gusta mucho lo que hacía Hitchcock por ejemplo, que pasaba por ahí y aparecía en sus películas pero nunca hacía nada;  a mí me gustan mucho esas “pistas” personales.

¿Qué autores chilenos y/o extranjeros lo han inspirado como autor, tanto en la poesía como en el teatro?

En poesía tendría que nombrarte a mucha, mucha gente. Bueno, la gente no lo sabe pero yo empecé a escribir poesía primero, y alumbrado por dos velas, tal y como sale en “De Vinos y Amor Ardiente, y así fui llenando esquelas hasta ser adolescente. Yo escribía y leía mucha poesía. Teníamos un grupo con estos cabros de los cuales yo te hablaba hace poco y que están todos alcohólicos ahora (risas)-aunque yo me salvé de esa porque dejé el trago-y, entonces yo leía mucha, mucha poesía. Leíamos autores chilenos como Juvencio Valle, Rosamel  del Valle, aparte de Neruda, Fray Barquero y todos esos gallos que son muy buenos. Y de los extranjeros también; incluso en francés porque teníamos a un cabro que estudiaba francés así que leíamos a Baudelaire, a Verlaine, a Rimbaud, etc, etc.  Tendría que señalarte a toda esa gente; aunque yo no sé mucho de los poetas actuales, eso sí que no sé. Y en la dramaturgia, ¡bueno!, ahí uno está marcado por los grandes: por Shakespeare, en fin, todos esos autores que son monumentos.  Así y todo yo hice una obra, “La Guarda Cuidadosa”  que es una versión libre de la pieza de Cervantes y que ganó el Premio Nacional de Teatro en su momento, montada con un grupo de Rengo; cuando habían premios nacionales al teatro que ahora no hay…supongo porque son muy “caros”. A Claudio Di Girólamo le gustó mucho esa obra; incluso fuimos y la montamos en el Edificio Diego Portales, y ahí quedó.

Equipo Oldescool

Foto: cosecha propia.

 

 

 

 

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